Las dos caras de la moneda

2.5.12

El filo amargo de la vida

   Siempre buscar lo mejor para los demás no es fácil, si bien algo en mí me presiona a hacerlo. El no conseguirlo me tortura, porque sé que ella necesita mi ayuda y no quiero decepcionarla. Por eso quiero ser el hijo perfecto. Cueste lo que cueste. Y las lágrimas huyen de mí y ella me abraza, diciéndome que todo está bien, pero yo sé que no es así. Y cuando me desvivo por la pequeña Emily y me pide algo que me destroza por dentro, me doy cuenta que debo anteponer su felicidad a la mía porque, de todas formas ¿Qué posibilidades tenía?

10.4.12

Amargos romances no tan anónimos



Ella y Ella.

Algo que pudo haber sido tan bonito simplemente se resquebrajó en pedazos. Años creyéndote feliz por tenerla y darte cuenta de que todas esas noches solo fueron sueños y ahora tu chica ideal no tiene ojos para ti.

Ella.

Lloras. Sola. No puedes soportar verla en los brazos de ese idiota. No la ama, no la valora, solo la usa como pañuelo porque no puede tener a quien quiere de verdad. No le hace caso y, aunque no es su culpa no ser capaz de amarla, le odias sin piedad.

Ella y Él.

Ella siempre le gustó y el sentimiento fue mutuo, pero no salió bien. Quizás porque él ya había entregado su corazón y se lo habían devuelto roto e inservible para amar, quizás porque su amor verdadero nunca fue o quizás porque ella fue egoísta en el fondo. Él no nació para amar a las mujeres.

Él.


Porque siempre fue tu amor. Porque aún no crees cómo ha podido perderse algo tan bello. Porque sabes que te prefiere a ti, pero el orgullo le muerde la lengua. Porque sólo de verle ya te vuelves loco. Estáis condenados a atraeros mutuamente por el resto de la eternidad lo queráis o no ¿Por qué no entonces dejar ir el instinto?


Él y Él.

Sois perfectos compañeros de eternidad. No tenéis química, sino toda la naturaleza gritando de alegría cuando os miráis, tocáis, besáis... Si hay dos personas en el mundo hechas el uno para el otro esos sóis vosotros. Primer amor y último. Intenten lo que intenten vuestro vínculo no es algo que se pueda romper, aunque ahora lo parezca. No podéis escapar de ello, porque en realidad ni siquiera podéis evitar desearlo a cada instante. Quizás las apuestas demasiado altas tambalearon los cimiento de vuestra unión, pero tarde o temprano volverá... Y quizás esta vez sea para siempre.


Él.

Saber que puedes tener a cualquiera comiendo de la palma de tu mano menos a él es la peor condena que podía haberte caído. Te miras al espejo y te reconforta comprobar que sigues siendo totalmente perfecto. Y él te pone ojitos y sabes que le atraes, pero nunca te amará como tú lo haces. Porque tu vida no es tu vida si no oculta múltiples horrores.


Él y Él

http://beautifullittleliesbymrsubconscious.blogspot.com.es/2012/03/tell-me-have-i-become-some-kind-of.html


Él y Él...

Simplemente no pudo ser.



18.3.12

Tell me, have I become some kind of guilty pleasure for you? Because I don't understand...

     Le miré sonriente por encima de las sábanas. Sus ojos grises estaban vacíos y desolados. Mi corazón se partía sólo de verle así, pero si yo me parara a pensar en él me acabaría sintiendo igual. Ni siquiera se había percatado aún de que yo le miraba. Nunca me había llevado bien con él, pero supongo que eran los celos los que me cegaban. Ahora parecía tan obvio lo que mi querido nuestro querido su querido Lucas había visto en él. Era tan bonito. Debajo de esa imagen agresiva y terca se escondía el chico más tierno y vulnerable que había visto nunca y ahora mirarle era como observar una preciosa escultura de cristal resquebrajada y llena de puntas afilidas que acababan clavándose en mi corazón. Pero ahora era mi chico. Era yo el que tenía que poner una sonrisa sobre esos labios carnosos en sus peores momentos. Busqué su mano por debajo de las sábanas y la cogí con fuerza. Notó el contacto, pero permaneció dos segundos más mirando con melancolía hacia la ventana. Después se giró hacia mí y me clavó esos ojos como si fueran un silencioso y desgarrador puñal. Siempre que se daba cuenta de que le miraba o le rozaba me miraba como preguntándome qué era lo qué quería. Me dolía muchísimo ¿No podía simplemente entrar en contacto con mi novio porque me gustaba? Él no lo comprendía, porque no sentía lo mismo.

     -Buenos días. - le dije al oído, a la vez que dejaba un beso en su mejilla. Él ni siquiera me sonrió. Noté como algo de ese frío congelador se derretía en su interior mientras susurraba un:
     -Buenas... - Seguía pensando en él. No podía quitárselo de la cabeza en ningún momento y yo lo sabía. También sabía que, en el fondo yo le gustaba y que en cierto modo me quería. No sabía cómo, pues nunca parecía responder a ninguno de mis gestos. Yo no soy alguien cariñoso, pero no podía dejar de abrazarle y besarle todo el día. Algo en mí lo necesitaba. Era como si un impulso hubiera permanecido oculto dentro de mí durante siglos y con este cambio hubiera sido liberado. Porque no podía negar que lo que había pasado estos últimos días me había cambiado. Me estaba cambiando. Y cada vez que yo le abrazaba y él, aunque no me lo rechazaba, no me rodeaba con sus brazos, sentía como si alguien hubiera usado mi corazón como alfiletero. Y yo, que nunca he sido de esos que dicen te quiero, sin saber cómo ni por qué no dejaba de decírselo a él. Pero sólo se mantenía en silencio y apartaba la vista. Sabía que jamás sería capaz de quererme como a Lucas, pero tampoco yo podría. Aún así sabía que me amaba... o tal vez sólo intentaba autoconvencerme de que eso era cierto, pero prefiero creer lo primero. Él no me quería como le quiso a él y quizás por eso y por su carácter introvertido ahora le costara ser cariñoso conmigo, pero se acabaría por dar cuenta de que es un hecho que él ya no volverá y entonces se daría cuenta de que me ama y me trataría como merezco. Sabía que yo era bueno para que lo superara -no había gemido su nombre cuando estábamos en la cama juntos y eso era un gran prgreso, ya que lo gemía en todos lados (no de forma erótica, sino más bien como un lamento).

Quizás sólo soy un idiota masoquista, pero algo en mí quería decirle que le amaba, con la esperanza de que esta vez reaccionaría de otra forma, pero en el fondo sabía de antemano que no lo haría. Me senté encima suyo pero debajo de las sábanas que cubrían nuestros dos cuerpos desnudos. Sonreí y le susurré al oído un:
     - Te quiero. - él parpadeó a un ritmo diferente, pero ni siquiera me miró y por supuesto sus labios no se separaron para emitir ningún sonido. Me sentí como una mierda, y todo por mi gran ingenuidad. Sus brazos estaban dispuestos a mi alrededor, pero sin tocar mi cuerpo, como si quisiera abrazarme, pero se hubiera echado atrás. Eso ya significó mucho para mí y me arrancó una sonrisa suspirante. Admiré su belleza orgulloso. La visión de su perfecto cuepo bajo el mío me hizo fantasear con la idea de repetir lo de anoche, pero sabía que ahora él no tenía ganas y no me gustaba presionarle. Cogí una almohada y le golpee el rostro.
     -¿Au? - preguntó él confuso y sorprendido.
     - Venga, arriba cazavampiros. Ya sé que te encanta estar en la cama conmigo, pero soy un hombre muy ocupado y tengo más cosas que hacer. - respondí levantándome con aspecto consternado. Le miré de reojo y comprobé que había esbozado una minúscula y tenue sonrisa cuando creí que yo no le miraba. Por esa pequeña sonrisa había merecido la pena todo ese dolor.