Las dos caras de la moneda

25.6.13

Victoria

   Ella es todo lo que siempre soñé: es la eternidad en su compañía, es educar a una pequeña nuestra, de los dos, es lo que durante siglos pareció imposible y ahora es tan fácil como un capricho. Porque reconocería esa cara entre un millón y, aunque lo dejé todo atrás ¿Aún estaré a tiempo de huir y meterme en esa burbuja de felicidad? Cuarenta años, un millón de noches, atormentado sin saber que tenía un motivo para volverme loco, volver atrás en el tiempo y nadie necesitaba saberlo. No necesitaban saberlo más que yo, quien cuando esa información se me ocultó morí por dentro. Y es cierto que con el tiempo todo lo malo se olvida y solo queda lo bueno. No hay remordimientos por volver a sus brazos, solo por no haberlo hecho antes. Tus pecados y mis pecados unidos prescriben y se avecina un amanecer para los dos. Porque ella es mi Victoria, lo único que hice bien y, ni aunque hubiera sabido que la hacía, la habría hecho mejor. En estos años de locos es mejor agarrarse fuerte a los ángeles y dejar que el destino corra como quiera.
 
   Si pudiera romper toda conexión lo haría. Porque no tiene sentido que el que nunca fue suficientemente listo tenga un pupilo, porque no tiene sentido acercarse tanto al filo de las balas. Quizás antes no importaba, pero si se gana una bandera que defender hay pérdidas necesarias que merecen la pena. Porque él es yo y yo soy él. La eternidad nos une y simplemente no necesito más porqués. Y si a ella yo la pudiera retener, sin dudarlo lo haría, por su propio bien. Pero sé que solo puedo esperar pasar eternidades rogando de rodillas misericordia por no saber. Suerte que eso se me da bien.
 
   Y cuando vuelven las páginas al comienzo del libro las sombras del pasado acechan. Huir no es ignorar, solo otra forma de ser valiente, porque es difícil hacerlo sin no ahogarse en orgullo. Pero me lo merezco así que no mirare atrás. Cuando salga el Sol yo estaré allí, a la hora acordada y desde entonces no te dejaré jamás. Ni siquiera necesitaré respirar fuera de ti, pues tengo miedo a perderte otra vez, solo por mi culpa. Solo espero confianza, tan estúpida y ciega como el amor, como yo. Ahora creo lo que siempre quise creer pero tú no me dejaste, ahora sé lo que intentaste hacer y todo queda atrás. Porque desde que el astro brille vamos a ser tú y yo, por fin y para siempre, como debió ser. Dos destinos unidos enfrentándose a un futuro incierto. Pero si me coges de la mano todo estará bien. Tú y yo solos con nuestra mayor Victoria. Ojalá hubiera podido estar allí para verla crecer.

No hay comentarios: